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Embarazo

Habían pasado 4 meses después del aborto, y desde hacía 3 lo estábamos volviendo a intentar.

Por mi parte, muchísimo más calmada; si me había quedado una vez me quedaría otra, simplemente tocaba esperar.

Y de repente, después de 4 meses de altibajos por el aborto siento que tengo síntomas de regla pero algo me dice que estoy embarazada.

No acaban de ser como siempre… a parte me faltan 2 días para que me baje la regla y no tengo el famoso manchado rosita o marrón que me avisa que está próxima.

Me pongo muy nerviosa, y compro un test de embarazo de detección temprana… ya que los que tengo en casa son one step y no son tan sensibles hay que esperar al día de la falta…

Cuando vuelvo a casa rápidamente voy al baño, no tenía pipi porque acababa de hacer antes, pero aprovecho el poco que sale para hacerme el test.

Sale negativo.

Ostras, que raro… juraría que tendría que ser positivo, bueno no pasa nada, otro mes será…

¿Porque este negativo?

Porque al haber hecho pipí recientemente y ser tan ansias de no poder esperar no hubo suficiente concentración de hormona para detectar embarazo, por eso recomiendan hacer el test con el primer pipi de la mañana, pero si eres como yo de las que no pueden esperar almenos espérate a tener ganas de ir al baño.

Esto queridas, es lo que se llama un Falso Negativo, si, si existen; si te haces el test antes de tiempo igual, porque la hormona del embarazo no se detecta hasta el día de la primera falta, y los test de alta sensibilidad la pueden detectar como mucho 5 días antes, y aún así te juegas el que no la detecten.

En cambio, no existen falsos positivos.

Pero, debo hacer un apunte, puedes ver un falso positivo si miras el test bastante rato después de habértelo hecho, porque a veces sale una línea de evaporación justo donde debería estar la línea de embarazo.

Así que si te has hecho un test, has esperado el tiempo necesario y ha salido negativo tíralo. Porque quizás en una media hora veas un positivo y te ilusiones y solo sea la línea de evaporación.

Y por último, también existen los microabortos, que normalmente las mujeres ni nos enteramos porque son abortos tan tempranos que no nos da tiempo ni a percatarnos y son confundibles con una regla; se dice que podemos tener varios a lo largo de nuestra vida, y simplemente es que no acabaron de cuajar.

Como la regla no me bajaba y no tenía el manchado, fui a la farmacia y compré un test, llegué a casa y con mi primer pipí apareció mi gran esperado positivo.

Lo primero que hice, despertar a mi pareja y darle la noticia que ambos nos la tomamos con una mezcla de ilusión y miedo.

El embarazo después de un aborto lo vives de manera diferente.
La ilusión pasa a convertirse en miedos.
Muchos miedos.
Así que cuando me enteré que estaba otra vez embarazada no lloré de felicidad como la anterior vez, ni se lo dije a todo el mundo, ni empecé a comprar libros y cositas, ni siquiera toqué los que ya tenía.

Simplemente desee que pasara el tiempo rápido y que todo saliera bien, pero me era imposible “disfrutarlo”.

Esta vez el embarazo fue diferente, tenía un montón de síntomas de regla, me daban pinchazos en los ovarios, y vomitaba mucho, cogí muchos ascos; odiaba el desodorante de mi pareja el simple echo de olerlo me hacía salir disparada a vomitar, y me volví muy sensible.

Los primeros meses siempre tenía ganas de llorar, esa sensación de que en cualquier momento por cualquier cosa iba a salirme la lagrimilla.

Y me voy a repetir, pero, me encontraba fatal.

Y lo más curioso, cuando peor me encontraba más contenta estaba, porque me daba esperanzas de que esta vez iba a salir bien.

Entre todas las cosas que tuve, una muy curiosa fue “rinitis gestacional”.

Me pasé todo el embarazo con mocos y costándome dormir por las noches porque se me entaponaba tanto la nariz que no podía respirar…

También tuve sarpullidos de urticaria que me picaba un montón y pubalgia (dolor en la pelvis que me impedía caminar mucho rato, ni estar de pie ni hacer nada…), y muchos muchos ardores…

Tuve proteína en la orina que juntada con tensión alta me podía provocar preclampsia, que la verdad no sé bien bien que es solo que puede ocasionar daños tanto a la madre como el bebé, no quise buscar más info al respecto porque encima el embarazo se me juntó con una situación familiar complicada que me hacía imposible mantenerme relajada y tenía mucho sentimiento de culpabilidad por si nos pasaba algo…

Por todo esto, y por mi obesidad fui llevada por alto riesgo, por lo que tenía más controles que en un embarazo normal y me hicieron más ecos de las normales.

Odiaba a todo/a aquel que me decía “Disfriti dil imbirizi”, me sentía engañada por miles de mujeres que decían lo maravilloso que es estar en estado y es algo que hay que disfrutar…

¡Que me expliquen cómo!

Pero la parte buena, no se me hincharon los tobillos, ni salieron almorranas…

Oye, algo es algo…

Y como iba contando sobre el miedo, yo no era la única que tenía miedo, mi pareja no me dejaba hacer ningún esfuerzo, y cuando digo ninguno es ninguno… ni barrer, ni fregar; y yo estaba tan “acojonada” que “por si acaso” lo evitaba, total lo primero para mi era que todo saliera bien.

Pedí cita a la comadrona, que resultó ser un comadrón sin vocación que le costaba hasta saludar, y aunque en todas las visitas me acompañaba mi pareja parece ser que no lo veía, porque nunca le dirigió la mirada y mucho menos la palabra…

Llegó un punto que ya no por soso… sino porque no me explicaba nada ni asesoraba ni nada de nada, tuve que pedir un cambio.

Y tal y como soy yo… que hasta lo paso mal cuando dejo (dejaba) pisos de alquiler porque me sabe mal… pero mal de verdad que lloro y todo por hacer el feo… pues tomar la decisión de cambiar de comadrón y herir los sentimientos de ese hombre soso y con sangre de horchata me daba mucha pena… pero mi bebé era una razón de peso para cambiar.

Las pruebas y el seguimiento que me hicieron del embarazo me parecieron algo muy completo, y riguroso; y es indescriptible las sensaciones que se sienten cuando escuchas por primera vez su corazón o lo ves en una eco, son los momentos bonitos que compensan todo el “asco” que es estar embarazada.

Hay quien dice que no todos los embarazos son iguales y que hay algunos buenos, de esos que se disfrutan…

Yo soy de las que si no lo veo no lo creo.

Así que lo siento mucho.

No os creo.

Como veis no os engaño, disfrutar del embarazo nunca lo disfruté, y creermelo del todo yo creo casi que tampoco… pero mis miedos duraron bastante hasta la semana 20 que la eco ya te dicen el sexo y ya se mueve y notas las pataditas…

Evité lo máximo leer casos que habían acabado mal porque me deprimía mucho y tenía pánico de que me pasara algo así, pero por desgracia pasan y desde aquí un abrazo muy fuerte a todas las familias que tienen que vivir algo así.

Aproveché para hacerme muchas fotos de la barriga, aunque nunca llegué a tener barriga de embarazada ya que en vez de coger peso, lo perdí y cuando parí parecia que me había hecho una lipo en vez de haber tenido un niño.

Hice todo lo que recomendaban para que saliera bien, no me bebí ni una triste coca cola en todo el embarazo, el embutido congelado siempre durante 48 horas, leche y quesos pausterizados, etc etc

Deseaba con toda mi alma que todo fuera bien y tenía muy claro que yo no iba a hacer nada que pudiera perjudicar.

Más vale prevenir que curar.

Me apunté a las clases de matronatación, y fue la primera vez en mi vida que me esforcé de verdad.

Yo soy la típica para que engañaros, que en clases de gimnasia me escaqueaba…

Corría un poco y a la que no miraba la profe paraba a descansar…

Nunca me he esforzado tanto como en las clases de natación para embarazadas.

Hice todos los ejercicios, aunque acabase muerta y sin poder moverme… los primeros días aluciné con la caña que nos daban… que estamos embarazadas joder, parecía una clase de preparación militar…

Acababa tan exhausta, que me era difícil hasta volver a casa…

Y las hice hasta el final, dos veces por semana…

También fuimos a todas las charlas de preparación al parto, y la verdad aprendimos y nos ayudaron un montón, por mucho que diga la gente que son una tontería e innecesarias, no puedo decir lo mismo, y si me volviera a quedar embarazada volvería a ir para reciclar; a mi pareja le enseñaron un masaje para cuando tuviera contracciones fuertes que ayudaría a calmarme y la verdad nos fue de lujo.

Creo que también son una buena preparación psicológica ya que te hacen aceptar mejor la realidad, y darte cuenta que la cosa va en serio, a parte de poder conocer y hablar con mujeres o parejas que están viviendo lo mismo.

Como dije, seguí todos los consejos, incluyendo el masaje perineal que recomiendan hacer a partir de la semana 34 de embarazo y que reduce las posibilidades de que te hagan episotomía (corte en la vagina que han de coser con puntos y te complica aún más el posparto) en el parto.

Pues casualidad o no, me libré de la episotomía, por lo que recomiendo totalmente hacer el masaje.

Una semana antes del parto

Y así fue resumidamente mi embarazo, solo puedo decir que vale la pena, que todos los males se te pasan cuando ves su carita, y esa personita pasa a ser el centro de tu vida.

En la próxima entrada os contaré mi parto, toda la verdad como me gusta a mí.

Una curiosidad, antes de quedarte embarazada todas las mujeres te animan y te dicen lo bonito que es, una vez te quedas todas esas mismas mujeres te dicen lo horrible que es parir; y te das cuenta que has sido engañada y ya no hay vuelta atrás… 😂

Cada embarazo es un mundo, y cada parto también, así que lo mejor es no hacer caso a nada de lo que te cuenten y vivirlo, lo que tenga que ser será.


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